La frase de la semana

Pensamiento del día:


"Los políticos y los pañales hay que cambiarlos a menudo y es por la misma razón". George Bernard Shaw

Estamos de vuelta

Damas y caballeros colegas.

La semana pasada me reintegré a mis funciones de asesoría después de unas bonitas e intensas vacaciones, así que para retomar el curso lectivo comparto un amplio artículo sobre la historia del Salón de Expresidentes de la Asamblea Legislativa.También en la sección Esta Semana en la Historia, recordamos la celebración del Día de La Victoria sobre Hitler en 1945.


Atte.


El Editor

San Isidro de El General, 20 de mayo de 2019.


jueves, 9 de mayo de 2019


¿El Salón de Ex Jefes de Estado y Expresidentes de la República y el retrato de Luis Guillermo Solís?



En el edificio central del Poder Legislativo de Costa Rica, de la Asamblea Legislativa, como se le llama desde la Constitución Política de 1949, en su artículo 105, existen un Salón y dos Salas dedicadas a honrar, con su exhibición, a grandes personalidades políticas del país, del período del Estado, 1824-1848, y del período de  la República, desde 1848 hasta hoy. Una de ellas a quienes han ejercido los altos cargos de Jefe de Estado y de Presidente de la República, otra a quienes han ejercido el puesto de Presidente del Poder Legislativo, en su forma unicameral o bicameral cuando la tuvimos, y una tercera que exhibe a quienes la Asamblea Legislativa ha honrado con el Reconocimiento de Beneméritos y Beneméritas que se ha dado en este campo específico, Benemeritazgo de la Patria, y en los campos específicos de Benemérito de las Artes Plásticas, de la Ciencia, de la Cultura, de la Educación, de la Enseñanza, de las Letras Patrias, así como el de los declarados Ciudadanos de Honor y los Defensores de la Libertad. El título o reconocimiento de Benemérito también se ha dado a Instituciones que reciben el nombre de Instituciones Beneméritas. Dentro de estos benemeritazgos hay dos personajes  José María Peralta y de la Vega y Rafael Francisco Osejo, a quienes se les reconoce como Beneméritos, declarados así antes de 1824, Rafael Francisco Osejo el 30 de julio de 1823 y José María Peralta y de la Vega, declarado por el Ayuntamiento Constitucional, el 3 de noviembre de 1823, ambos firmantes del Acta de Independencia del 29 de Octubre de 1821.
El Salón en el que se exhiben a quienes han ejercido la Jefatura de Estado o la Presidencia de la República es el salón más grande, que resalta por su belleza, y tiene en orden cronológico a quienes han ocupado esos altos cargos. Su piso está hecho con tabloncillos de maderas diferentes de nuestros bosques, junto con las arañas que fueron heredadas del antiguo Palacio Nacional, sede del Congreso Constitucional antes de 1958, que quedaba ubicado donde hoy está el Banco Central. Tiene dos columnas griegas que divide el Salón en su Galería. Junto a éste hay un pequeño salón que lo vincula con el salón donde sesionan los diputados, el Plenario Legislativo, que se le denomina desde 1959 Salón de los Libertadores de América,          que tenía los óleos d Simón Bolívar y de José de San Martín. Ya se había agregado el óleo de Florencio del Castillo. Hoy otras figuras así reconocidas están en el Castillo Azul, del conjunto parlamentario, sede de la Presidencia de la Asamblea Legislativa. Este Salón se originó desde 1833 cuando el Congreso Constitucional, en ese momento llamado Asamblea Constitucional del Estado Libre de Costa Rica, decretó destacar al Primer Jefe de Estado, Juan Mora Fernández, colocando su retrato, su pintura, en la Sala de Sesiones parlamentarias. A partir de ello se dispuso que “ocuparán sucesivamente el mismo destino haciéndose dignos de él”, quienes ejerzan ese alto cargo. En 1855, en el gobierno de Juan Rafael Mora Porras, se inauguró el Palacio Nacional estableciéndose allí la Galería de Jefes de Estado y Presidentes de la República, estableciéndose su óleo en 1859. En 1903, por iniciativa del Poder Ejecutivo, la Comisión Permanente del Congreso hizo el Reglamento de colocación de estos óleos.  Así se dispuso colocar a Juan Mora Fernández en el interior del Salón de Sesiones parlamentarias y los Retratos de los demás Presidentes se colocarían de derecha a izquierda del dosel por orden cronológico.



En 1958, en marzo, se trasladó el Congreso al actual edificio.



Por su naturaleza este Salón es una gran Pinacoteca, donde está cada uno de los Jefes de Estado y Presidentes de la República, retratado en una pintura con su figura, su rostro, de manera que todo el Salón constituye una galería donde se exponen obras de arte, con sus rostros, con sus retratos pintados de quienes han ejercido y representado el Poder Ejecutivo. Todas las pinturas de los Retratos de Jefes de Estado y Presidentes de la República son de aceite, pintadas en lienzo, excepto una, el retrato del Presidente  Jesús Jiménez Zamora que fue pintado sobre madera. Los primeros marcos, bruñidos y tallados, que protegen estos Retratos originalmente fueron traídos de Europa, el resto son elaborados por tallistas nacionales. Este Salón es usado generalmente para grandes eventos públicos, y especiales, organizados por la Asamblea Legislativa, o autorizados para su uso por el Directorio Legislativo y la Dirección Administrativa de la Asamblea Legislativa. Como Galería, este Salón es un espacio de forma rectangular que exhibe esta colección de cuadros con los Jefes de Estado  y Presidentes de la República. Las otras dos salas constituyen Fototecas, es decir espacios donde lo que hay son fotos de quienes han ejercido la Presidencia del Poder Legislativo y de los Beneméritos y Beneméritas de la Patria. Como muestra pictórica nacional allí lucen grandes artistas, extranjeros y costarricenses, Aquiles  Bigot Marie, José Nicolás Joury, Enrique Echandi, José Claro Azcarreta, Juan Andrés Bonilla Mata, Tomás Povedano, Gonzalo Morales Alvarado, Fabio Fournier Jiménez, Dinorah Bolandi Fernández, Lilly Artavia Bolandi, Mario Orozco Rivera, Lorenzo Fortino y Miguel Casafont Broutin entre otros. En el Salón donde se realizan las Sesiones Plenarias de los Diputados hay dos óleos más, el del Padre Florencio del Castillo, considerado el  Primer Diputado de Costa Rica, por habernos representado en las Cortes de Cádiz, y el de Juan Mora Fernández, Primer Jefe de Estado, bajo cuyo gobierno se constituyeron los tres Poderes Públicos, tal y como existen y hoy funcionan. En este Salón solo se permiten esos dos óleos y los Escudos de las siete Provincias. El Salón de Jefes de Estado y de Presidentes de la República, a mi modo de ver, está mal llamado Salón de Exjefes de Estado y de Expresidentes de la República. Cada una de las personas que están aquí, con sus retratos, en la base del mismo se dice, o se indica, con una plaquita, el período en que desempeñaron el cargo de Jefe de Estado o Presidente de la República. Si repitieron el cargo, hasta tres veces, en la misma placa se indican los períodos en que ejercieron esa función, sin necesidad de repetir el cuadro o la pintura.
Al indicarse que ejercieron el cargo en determinado período se está diciendo expresamente que fueron Jefes de Estado o Presidentes de la República de ese período indicado. No se dice, por ejemplo, que fueron expresidentes del período 1958-1962, 1970-1974, 1978-1982, 2006-2010, o 2014-2018. Por esto el Salón debe llamarse correctamente Salón de Jefes de Estado y Presidentes de la República. La Asamblea Legislativa debiera cambiar esta denominación y quienes atienden información y comunicación sobre la Asamblea Legislativa así llamarlos.
El título de Jefe de Estado o de Presidente de la República, de acuerdo a la tradición y costumbre protocolar de muchos países, se mantiene para quienes han ejercido estos cargos, como una muestra de cortesía, de respeto y de reconocimiento institucional, al cargo que desempeñaron. En este sentido es correcto decirle a los Presidentes, o dirigirse a ellos en el trato, a los que están vivos aún, como son Rafael Angel Calderón Fournier, José María Figueres Olsen, Miguel Angel Rodríguez Echeverría, Abel Pacheco de la Espriella, Oscar Arias Sánchez, Laura Chinchilla Miranda y Luis Guillermo Solís Rivera, como Presidente Rafael Angel Calderón Fournier, Presidente José María Figueres Olsen, Presidente Miguel Angel Rodríguez Echeverría, Presidente Abel Pacheco de la Espriella, Presidente Oscar Arias Sánchez, Presidente Laura Chinchilla Miranda y Presidente Luis Guillermo Solís Rivera. Ese es el trato que yo les doy cuando me ha tocado saludarlos o tratarlos. Si es de escribir la palabra Jefe de Estado o Presidente, prefiero hacerlo con mayúsculas, que con minúsculas.
La Real Academia de la Lengua Española reconoce que los cargos y nombres de dignidad, rey, papa, duque, conde, presidente, ministro,  etc. y títulos se escriben normalmente en minúscula aunque hay ocasiones en que se recomienda el uso de mayúscula, sin que sea obligatorio, cuando se refieren a una persona concreta, por ejemplo, Presidente Miguel Angel Rodríguez, Presidente Oscar Arias o Presidenta Laura Chinchilla. Y, en mayúsculas también deben escribirse, cuando se refieran a una persona concreta sin mencionar su nombre: el Rey, el Papa, el Presidente, el Ministro.
Los tratamientos de cortesía de don y doña, o señor y señora, referidos a estas dignidades,  tradicionalmente se escriben de igual manera con mayúscula, seguidos del nombre propio de la persona que posee tal dignidad. Yo preferiría usar, en lugar de ellos, el tratamiento de Ciudadano o Ciudadana, lo que de vez en cuando hago, y traté siempre de enseñar a mis estudiantes: Ciudadano Profesor, les decía a mis estudiantes, Ciudadano Presidente o Ciudadano fulano de tal… que responde más, en su contenido, al espíritu republicano que vivimos desde 1821. Protocolariamente debería usarse, para la correspondencia y el trato oficial, el término Ciudadano o Ciudadana, en lugar de Señor o Señora. Como tratamiento de cortesía algunos diputados al referirse a los otros diputados les llaman “señorías”, me parece igualmente equivocado.
Es costumbre también que en las leyes, decretos y documentos oficiales, por razones de solemnidad y protocolo, se escriba con mayúsculas las palabras de este tipo, en el caso nuestro, el Jefe del Estado, el Presidente del Gobierno o el Presidente de la República,  el Ministro de…, el Diputado…
En la correspondencia  que se dirige a quienes ocupan estos altos cargos es lo correcto y frecuente que se escriban sus cargos con mayúscula. Cuando en la práctica se usa la expresión latina ex para referirse a quienes han ejercido un alto cargo  correctamente debe soldarse, pegarse, la partícula ex con el cargo, expresidente, exministro etc. No se debe separar el cargo con la partícula ex con un guión: ex-presidente, ni tampoco se debe dejar entre ellos un espacio: ex presidente. Ex, como palabra latina significa fuera de, por lo que se usa como prefijo para indicar lo que ha sido una persona, o para indicar que se ha tenido un cargo y ya no se tiene. Así, cuando se antepone la partícula ex a nombres de dignidades o cargos, a nombres o adjetivos de persona, lo que  se indica es que esta persona ha dejado de ser lo que aquellos significan: expresidente, exministro, etc.
La Galería, o el Salón de Jefes de Estado y de Presidentes de la República, es tan solo una sala de exhibición de quienes han ejercido este cargo. Para estar allí es necesario solamente haber ejercido el cargo. A quienes allí se cuelga no se les hace un balance de su obra de gobierno o de gestión administrativa. No se les  hace un análisis de si fue buen o mal gobernante. No se les enjuicia si ejerció el cargo por la vía constitucional o anticonstitucional, si fue dictador o no, si fue autoritario o no, o si fue civil o militar, si fue una persona honesta, honrada o cuestionada en este aspecto. En el acto de colocación del Retrato no se libera de responsabilidades políticas, que le pueden ser cobradas o imputadas, a quienes allí cuelgan. No es un acto para aprobar o improbar su labor de gobernante. Todo esto queda para los historiadores, los politólogos, los sociólogos, los diversos analistas, periodistas y quienes deseen investigar, analizar y enjuiciar la labor de gobierno y de Estado, como de las personas, de quienes han estado dirigiéndolo desde el Poder Ejecutivo. Tan solo se hace el reconocimiento oficial del ejercicio de gobierno que tuvieron.
El acto de develación del cuadro, o del retrato del Presidente, no es en sí mismo un acto oficial del Poder Legislativo, es tan solo un acto administrativo de este Poder Legislativo, que se coordina con el Presidente que ha dejado de serlo, con la Oficina de Protocolo de la Asamblea Legislativa, que prepara el evento, para su ceremonia de develación y de colgamiento de la pintura que recoge su retrato.
Lo que es oficial de este evento es el marco del retrato, que tiene cierta formalidad y estilo, donde todos son iguales. Este marco corre a cargo, en costos, del propio Poder Legislativo, que es también el que tiene que garantizar que esos marcos sean iguales. El costo del retrato, del pintor que se contrate para hacerlo, corre a cargo del Presidente a quien se le va a colgar su retrato, de acuerdo a la Ley 8131 y al Decreto Ejecutivo 40797. Este costo debería ser a cargo de la Asamblea Legislativa, aunque el pintor lo escoja el Gobernante. Que lo pague el Presidente a quien se le colgará su Retrato refleja cierta miseria, avaricia y pequeñez de la Asamblea Legislativa, que en este caso debiera ser generosa.
Por esto es irrelevante que al acto de develación vayan todos los diputados como si fuera una ceremonia oficial, que obliga su presencia. Al contrario, lo usual  es que el Presidente al que se va a homenajear, con esta distinción, haga la invitación respectiva para que le acompañen sus amigos, partidarios, y quienes deseen asistir a este acto. Para los diputados es tan solo un acto de cortesía, y de respeto institucional, asistir en tanto es el recinto parlamentario el depositario de esta Galería de Jefes de Estado y de Presidentes de la República, y la misma Asamblea Legislativa hace pública referencia y anuncio de que el acto de develación se va a realizar en determinada fecha, acto abierto a todo público. Los diputados más obligados moralmente a asistir al acto son los del propio partido político que representa el Presidente homenajeado, como lo hicieron los diputados del Partido Acción Ciudadana, y sus aliados.
Lo relevante de un acto como éste, que de todas maneras y obligadamente se hace, es que en ocasiones particulares, con más énfasis, en el Plenario Legislativo, y en los medios de comunicación, algunos diputados alcen tribuna oratoria contra el Mandatario homenajeado, tratando de disminuir la relevancia e importancia protocolaria del acto, con el que le colgarán su retrato, y ostenten o hagan gala de discursiva de que no asistirán al acto.
En el caso reciente, del colgamiento del Retrato del Presidente Luis Guillermo Solís Rivera, fue evidente la demagogia demostrada por los diputados que alzaron tribuna respecto a este evento. Aquí quienes se exhibieron fueron los que hicieron este escándalo, tratando de afear el acto, o exhibieron su poca cultura y hasta su ignorancia respecto a lo que es lo protocolario y lo no protocolario. El hábito no hace al monje, tan solo lo distingue.
Lo feo del acto, en el cual se colgó el retrato del Presidente Luis Guillermo Solís Rivera, fueron dos elementos, a mi modo de ver.
El primero, la mesa de prensa que hizo unos minutos antes de la develación de su retrato, refiriéndose a actos de su gobierno, cementando de esa manera su figura, su presencia, y echándole cemento encima a la imagen del acto. Parecía que el que se colgaba, casi a modo de suicidio y auto inmolación, era el mismo Presidente Luis Guillermo Solís, y no su retrato. La estela de esto empañó el acto de develar su retrato, haciéndolo parecer  un velatorio, hasta con una tela negra, que nada tenía que ver con protocolo alguno, y sí con un acto fúnebre, cubriendo su Retrato, antes de ser revelado.
Y el escándalo del hueco fiscal de su gobierno que estalló en los días anteriores, junto con la discusión de nuevo del escándalo del cementazo, a la develación del retrato, le provocó otro hueco a su imagen y gestión, al punto que que la Comisión de Gasto Público de la Asamblea ha pedido al Ministerio Público que se indague al Presidente Luis Guillermo Solís.
El segundo, el retrato mismo. El retrato como obra pictórica del artista Miguel Casafont pictóricamente es muy bueno, retrata tal cual es al Presidente Luis Guillermo Solís, y como se le recordará por quien lo vea colgado allí. No lo estilizó en nada. Lo pintó tal cual, cómo es.
El retrato está hecho sobre lienzo con pintura acrílica, y no con óleo como se ha estilado en los anteriores, violentando la formalidad con que se deben hacer, y desentonando en ese sentido con el resto. El pintor Casafont duró tres meses trabajando el retrato, sobre una colección de fotos que le hiciera al Presidente Solís el fotógrafo Paul Aragón. El pintor Casafont enfatizó su retrato en la mirada, en los ojos, del Presidente Solís, tratando de destacar su importancia.
El cuadro como conjunto artístico, con su marco, a mi modo de ver, quedó incompleto, lo que perjudicó al pintor y exhibió al modelo usado para la pintura. En cierta manera lo dejó desnudo, no le pusieron el ropaje del marco oficial.
Lo que es inaceptable, y hasta para el mismo artista que debió sentirse mal, es que el Presidente Luis Guillermo Solís haya apresurado y precipitado la celebración de esta ceremonia, para empatarla con el día de su cumpleaños 61, haciendo que a su retrato no se le pusiera el marco oficial porque todavía no estaba terminado, y le pusieran un “remiendo” de marco, descolorido en el conjunto, feo, que “tugurea” el cuadro mismo y “tugurea” la Galería de Jefes de Estado y de Presidentes de la República.
Dejó el Presidente Luis Guillermo Solís, en ese retrato, con su marco provisional, una imagen y un retrato harapiento de su Administración. En esto le faltó decoro, buen gusto, inteligencia emocional, tacto político, sentido de oportunidad, elegancia. Luis Guillermo Solís quedó al desnudo e incompleto. Perdió la dimensión, la solemnidad e importancia del acto el propio Presidente Luis Guillermo Solís.
¿Por qué no haber esperado que pasen unos años, dos o tres, antes de que termine esta Administración, de su propio Partido Acción Ciudadana, para que se haya hecho este acto, hasta tal vez, con mayor tranquilidad y serenidad pública frente a su Administración?
Pudo haberse esperado, si fuera del caso, hasta uno de sus siguientes dos cumpleaños. La tanta prisa que tenía por verse colgado en el Salón de Presidentes de la República lo que ha hecho es que a él lo hayan colgado en todo tipo de comentarios en las redes sociales y medios de comunicación. Al final siempre va a estar sometido a la crítica de su gobierno. ¿Por qué quiso hacer la de las vacas? Esto solo lo ha dejado medido en su justa dimensión.
Finalmente, ¿el costo de la pintura que es menor que el del marco, refleja acaso una Administración Solís Rivera devaluada? 



Escrito por Vladimir de la Cruz De Lemus

(Artículo publicado en el periódico La República, edición digital, larepublica.net, el miércoles 1 de mayo del 2019)

lunes, 22 de abril de 2019

 

Batalla de Sardinal, la segunda victoria contra los filibusteros norteamericanos



Vladimir de la Cruz



La Guerra Nacional de 1856-1857 contra los  filibusteros norteamericanos, tiene dos grandes etapas, la primera, llamada también Primera Campaña, y la segunda, denominada Segunda Campaña.
La Primera Campaña se da  desde  que el Ejército Nacional, al mando del Presidente Juan Rafael Mora Porras,  inicia su marcha hacia Nicaragua a principios de marzo, el día 4, de 1856, inspirados en la Proclama del Presidente Mora, del 1 de marzo, ¡A las armas! Ha llegado el momento que os anuncié”, hasta que se produce  la Batalla de Rivas, el 11 de abril de 1856, y consecuencia de ella se desata la peste del cólera que obliga a la tropa nacional a regresar a Costa Rica, con el impacto devastador que tuvo esta peste en el territorio nacional. La Segunda Campaña se produce cuando vuelve el Ejército Nacional a suelo nicaragüense, y con ayuda de los ejércitos centroamericanos, se producen los combates que culminan el 1 de mayo de 1857, cuando William Walker se rinde, y se retira de Centroamérica, para preparar una nueva invasión en 1860, en que es capturado en Honduras y fusilado allí en setiembre de este año, dando fin de esta manera al peligro que significaron estos filibusteros en la región.
A finales de 1855  el Presidente Mora enterado de los planes anexionistas y esclavistas de los filibusteros, llamó a los costarricenses a prepararse para ir a combatir a los filibusteros.
La Iglesia costarricense, con su primer Obispo, el Dr. Anselmo Llorente y La Fuente se sumó al llamado del Presidente Mora, y colaboró con el Ejército Nacional enviando con sus soldados y combatientes voluntarios un número pequeño de sacerdotes, para que los acompañaran en los distintos destacamentos de combate, a cuyo frente esta el sacerdote, Dr. Francisco Calvo, que se desempeñó como Capellán del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional y Libertador de la ocupación filibustera  en la región.
La tropa marchó a principios de marzo hacia el norte del país. El 17 de marzo estaba llegando, por distintos caminos, a Liberia, donde se sumaron llaneros y sabaneros guanacastecos. La tropa filibustera ya había iniciado la penetración del territorio nacional y el 20 de marzo se encontraba en la Hacienda Santa Rosa, que era bien conocida por los que jefeaban la tropa nacional.
Este día se produjo la Batalla de Santa Rosa, donde en pocos minutos, cerca de 13 minutos, el Ejército Nacional le dio una rotunda derrota a la tropa de 300  filibusteros que se encontraba allí. Capturados algunos y fusilados pocos días después, el Presidente Mora había instruido para continuar hacia Nicaragua y barrer todo el territorio nacional para asegura que no quedara filibustero alguno, y que si se encontraba alguno fuera inmediatamente fusilado. El Coronel Schlessinger, que estaba al mando de los filibusteros no pudo ser capturado, pero pocos días después Walker le fusiló.
La Batalla de Santa Rosa, a mi parecer es la más importante de esta etapa, en cuanto es la primera derrota de los filibusteros, y lo es en el territorio costarricense, obligándolos a retroceder y salir de Costa Rica.  Fue no solo una victoria militar bien planificada y ejecutada, sino que fue una gran victoria moral sobre el ejército filibustero.
La entrada del Ejército Nacional a Nicaragua fue precedido de la Proclama del Presidente Mora, que anuncia el camino y avance de la tropa, advirtiendo a los nicaragüenses  el sentido de la misión libertadora que llevaba, y no ningún afán ni intención de apropiarse de territorio nicaragüense.
Mientras se avanzaba hacia Nicaragua se cuidaba y avanzaba en el interior del país, para llegar a dominar el Río San Juan, la ruta de abastecimiento de los filibusteros, aprovechando a la vez la ruta establecida por la Compañía del Tránsito en ese río.
La derrota de Santa Rosa impulsó a una parte de los filibusteros a desplazarse hacia Castillo Viejo, sitio que estaba en la rivera del río San Juan. Otra parte de la tropa al mando del propio William Walker se acantonó cerca de la ciudad de Rivas.
La tropa costarricense por su parte se movilizaba hacia el interior de Nicaragua y al mismo tiempo  se dispuso que dos columnas  de soldados y combatientes se movilizaran  hacia la zona de Sardinal, en Sarapiquí, en el territorio costarricense, para entre otros objetivos reforzar la pequeña tropa que estaba El Muelle y en Cariblanco a cargo de los capitanes Francisco González Brenes y Pedro Porras Bolandi, respectivamente. Dos columnas, una con  100 hombres y la otra con 300. Del mismo modo se dispuso ejercer control sobre los afluentes nacionales del río San Juan para evitar que por allí pudieran desplazarse y penetrar los filibusteros.
El 7 de abril la columna de 300 hombres había logrado cruzar el Río San Juan y estaban ocupando y controlando San Juan del Sur y La Virgen, ya en territorio nicaragüense, asegurando en esta posición una situación de “pinzas” contra los filibusteros de esta zona.
Los filibusteros ya estaban en la zona, en la región de La Trinidad, al mando del Capitán John M. Baldwin.
La columna de 100 hombres costarricenses estaba al mando del General Florentino Alfaro Zamora, que por carecer de embarcaciones se las ingeniaron para  excavar un camino paralelo al cauce del río hasta su desembocadura en el Río San Juan, donde se instalaron. La tropa  movilizada hacia el Río Sarapiquí y Sardinal estaba constituida principalmente por soldados y combatientes alajuelenses. En esta Batalla el General Alfaro fue herido sustituyéndole al mando el Coronel Rafael Orozco.
Los filibusteros, en conocimiento de este avance, movilizaron desde La Trinidad una tropa de 100 soldados, que tácticamente la dividieron en dos columnas en cuatro embarcaciones.
El 10 de abril, justo en el sitio donde se encuentran el Río Sarapiquí y el Río San Juan, los filibusteros habían tomado posesión del lugar. La tropa costarricense tuvo que enfrentarlos, obligando a los filibusteros a retroceder hasta La Trinidad, mientras los costarricenses dominaban el Muelle, en el caserío de Puerto Viejo de Sarapiquí.
Los filibusteros habían sido de nuevo derrotados.
La Batalla de Sardinal fue la segunda realizada en el territorio costarricense. Con esta Batalla de Sardinal se aseguraba por parte del Ejército Nacional la defensa del territorio nacional, y se aseguró el control estratégico  del río San Juan y se evitó que los filibusteros aprovechando el Río Sarapiquí hubieran podido entrar, por esa parte, y de esa manera, de nuevo al territorio costarricense. Se evitó igualmente, la posibilidad de que el Ejército filibustero hubiera realizado ataques y  batallas desde la retaguardia al Ejército Nacional, y hasta la posibilidad de que el ejército filibustero hubiera penetrado al interior del país.
La Batalla se  produjo durante la mañana, dando inicio alrededor de las ocho de la mañana y habiendo terminado ya a las once de la mañana.
La Batalla de Sardinal es tan importante como la de Santa Rosa, ambas en territorio costarricense, que fueron el límite de llegada de la tropa filibustera, y fueron ambas importante victoria militares y morales sobre el ejército filibustero.
A horas de la victoria de la Batalla de Sardinal, el 10 de abril,  se estaba llevando a cabo la cruenta y definitoria Batalla de Rivas, del 11 de abril.
La derrota militar y moral de los filibusteros  del 10 de abril en Sardinal, como la del 20 de marzo en Santa Rosa, debió haber impactado también en la moral combatiente de la soldadesca filibustera en Rivas y en el propio William Walker.
El Río Sarapiquí ya se usaba para el comercio, incipiente en esa época, y de difícil acceso.
La Batalla de Sardinal cerró la posibilidad de la llegada de los filibusteros a Heredia y a Alajuela y eventualmente a San José. Demostró también la Batalla de Sardinal que la tropa costarricense estaba preparada para combatir, infligir derrotas a los filibusteros y defender el territorio, la población y la Libertad costarricense de la amenaza filibustera.
El sitio de la Batalla de Sardina se ubica hoy en los distritos de La Virgen y Puerto Viejo, ambos del Cantón de Sarapiquí, de la Provincia de Heredia.
El Ejército Nacional costarricense estaba comandado por el presidente Juan Rafael Mora Porras, quien se había desplazado a los escenarios de guerra, por el general José María Cañas, y por el general Joaquín Mora, Porras junto con otros importantes militares. Durante el período en que el presidente Mora se mantuvo en el frente de batalla Costa Rica estuvo gobernada por el vicepresidente Francisco María Oreamuno Bonilla.
Al término de la Batalla el Coronel Rafael Orozco envió el siguiente Parte de Guerra:

Señor Comandante general del interior.

Del Teniente Coronel.

Muelle de Sarapiquí, abril 10 de 1856.
.
Señor:
Hoy a las ocho de la mañana cuando nuestras fuerzas trabajaban en el puerto del estero del Sardinal, se presentó el enemigo, parte por tierra y parte en cuatro embarcaciones grandes y dos pequeñas, que contaba en todo una fuerza de más de cien hombres y favorecidos por los de tierra intentaron el desembarco que nosotros tratamos de impedir, empeñando una terrible lucha al arma de fuego, porque desgraciadamente el estero de Sardinal, que nos separaba de una parte de ellos nos impedía entablar lucha con otra arma. En este momento fue gravemente herido en el brazo derecho el general Florentino Alfaro, que con parte de la poca fuerza disponible que teníamos allí, se empeñaba en acometer de cerca al enemigo, quedando yo con la poca fuerza de mi mando haciendo frente hasta el reembarque y total derrota del enemigo.
Nuestras pérdidas son pocas, pues no contamos más que un cabo muerto y como diez soldados heridos. Es de sentirse la gravedad del señor General.
El enemigo perdió en tierra cuatro hombres y muchos en el agua, con una piragua más que echamos totalmente a pique con la gente que tenía, no pudimos tomarles más que un rifle porque los demás los arrojaron al río.
Yo he ingresado a este muelle, porque hasta ahora los puntos del río están muy indefensos para la poca fuerza que contamos y dispuesto a aguardar las órdenes, que el Supremo Gobierno se sirva comunicarme.
El señor General, gravemente dañado, se ha dirigido hoy mismo para el interior, acompañado por el señor cirujano y el Teniente Evaristo Fernández y una escolta que ha ido a conducirlo a él y los otros heridos, con lo cual queda muy disminuida esta fuerza hasta el número sólo de ochenta hombres.
Recomiendo mucho, tanto a los señores oficiales, como a los pocos soldados y capitán González, que pelearon con decisión y muy especialmente el señor General que de puro arrojado sufrió su herida, también el celo con que el señor cirujano nos ha acompañado en nuestra campaña.
Lo expuesto, señor, se servirá elevarlo al alto conocimiento del Supremo Gobierno, para su superior resolución, mientras tanto yo me hago la honra de suscribirme del señor General, seguro servidor.

Rafael Orozco.

Lista de los heridos y muertos:

Muertos:
Solamente el cabo segundo Salvador Alvarado, de Alajuela.

Heridos:
El Señor General Florentino Alfaro, de Alajuela
Sargento primero Manuel Arias, de Alajuela
Soldado Manuel María Rojas, de Alajuela
Soldado Manuel Morera, de Alajuela
Soldado Desiderio Quezada, de Grecia, en la provincia de Alajuela
Soldado Manuel Cabezas, de San José
Soldado Joaquín Arley, de Cartago
.
Desaparecidos:
Dos que son Salvador Sibaja, de Concepción, en Alajuela y Joaquín Solís, de Alajuela.”

A las Batallas de Santa Rosa y de Sardinal no se les da un sitio de honor y destacado dentro del conjunto de celebraciones que giran alrededor de la derrota de los filibusteros, que  se celebra nacionalmente de manera especial el once de abril, fecha conmemorativa de la Batalla de Rivas.
Las Batallas de Santa Rosa y de Sardinal deben considerarse de la mayor relevancia porque constituyen los escenarios en suelo costarricense, donde fueron derrotados los filibusteros, que ya habían penetrado el territorio nacional, y de donde fueron obligados a retirarse.  Sin estos triunfos militares y morales contra los filibusteros, probablemente la Batalla de Rivas, del 11 de abril, hubiera sido más larga y más cruenta.
Las Batallas de Santa Rosa y de Sardinal fueron una gran victoria para el Ejército Nacional y una gran derrota militar y moral para los filibusteros.
En el Cantón de Sarapiquí, desde hace pocos años, se leha venido dando una especial importancia aesta Batalla. Con este motivo han dedicado con el  nombre “Auditorio Juan Rafael Mora Porras” a unode los auditorios de la Municipalidad.
También El Consejo Municipal ha decretado feriado el día 10 de abril y declarándolo Día del Cantón de Sarapiquí.
Por disposición del Decreto Ejecutivo N° 38322-MEP-MP, del 4 de marzo del 2014, firmado por la Presidenta de la República, Laura Chinchilla Miranda, y el Ministro de Educación Pública, Leonardo Garnier Rímolo, se incorporó en el Plan de Estudios oficial, la Batalla de Sardinal, del 10 de abril de 1856, como parte del programa conmemorativo oficial de estas fechas.
En el Cantón de Sarapiquí el día 10 de abril se celebra asociado a este acontecimiento el Día de la Identidad de Sarapiquí.



(Artículo publicado en el periódico La República, edición digital, larepublica.net, el miércoles 10 de abril del 2019, y en la página webb de la Academia Morista Costarricense)

lunes, 18 de marzo de 2019

MINISTERIO DE OBRAS PÉSIMAS



La Dirección General de Obras Públicas se creó por decreto ejecutivo en 1860 durante el gobierno de facto de José María Montealegre, quien había derrocado al Presidente constitucional Juan Rafael Mora Porras un año antes. Como Cartera de Fomento se le conoció de 1881 hasta 1948 cuando otro gobierno de facto, el de la Junta de Gobierno presidida por José Figueres Ferrer fundó el MOP. Con esas siglas fue conocida la entidad hasta que el mismo Figueres en su segundo y último gobierno constitucional le agregó lo de Transportes.

Sin embargo las antiguas siglas del MOP deberían volver a colocarse en las placas pero con un diferente significado: Ministerio de Obras Pésimas. Esto lo estamos atestiguando los generaleños junto con cualquier persona que transite por la Carretera Interamericana, exactamente por la comunidad de División,  donde los “trabajos” realizados tras meses y meses de interminables pausas y esperas, fueron culminados con unos carriles de ascenso que desde su apertura ya presentan hundimientos y señales preventivas de peligro.

Lo más sorprendente es que la obra pareciera que la empresa adjudicataria ya la entregó finalizada y el “MOP” la haya recibido a satisfacción, puesto que de lo contario, no hubieran pintado la demarcación sobre la capa asfáltica. Resulta increíble si eso fue así. No tengo la menor duda de la honestidad, capacidad y experiencia del Ingeniero Rodolfo Méndez Mata como Ministro del ramo sin embargo, dudo que esté enterado de este hecho.