La frase de la semana

Pensamiento del día:


"Los políticos y los pañales hay que cambiarlos a menudo y es por la misma razón". George Bernard Shaw

Estamos de vuelta

Damas y caballeros colegas.

La semana pasada me reintegré a mis funciones de asesoría después de unas bonitas e intensas vacaciones, así que para retomar el curso lectivo comparto un amplio artículo sobre la historia del Salón de Expresidentes de la Asamblea Legislativa.También en la sección Esta Semana en la Historia, recordamos la celebración del Día de La Victoria sobre Hitler en 1945.


Atte.


El Editor

San Isidro de El General, 20 de mayo de 2019.


lunes, 11 de junio de 2018


Centenario del Banco Crédito Agrícola de Cartago

Hace 100 años, el 1º de junio de 1918 se constituye la Sociedad Anónima “Crédito Agrícola de Cartago”. La apertura de sus oficinas se anuncia desde el 1º de setiembre en el periódico cartaginés “El Renacimiento”: la Sociedad daría inicio a sus operaciones de préstamos y depósitos en cuenta corriente a la vista y a plazo, el lunes 16 de setiembre en la oficina provisional ubicada en el Mercado de Cartago, en horario de 8 a 11 de la mañana y de 1 a 3 de la tarde.
Gestada por un grupo de empresarios cartagineses, en sus orígenes la Sociedad Anónima “Crédito Agrícola de Cartago” es una casa bancaria de carácter regional, dirigida a movilizar las riquezas de la provincia y dar más vida y actividad al comercio mediante el impulso de la agricultura, entonces la actividad económica por excelencia. Las operaciones para la que fue creada son: “negociar con todas las ramas agrícolas, comprar o vender fincas, granos, y otros; adelantar, mediante un interés, dinero a los agricultores sobre sus cosechas, hacerles préstamos y darles facilidades con el manejo de sus propios fondos, y otras funciones bancarias”. Se responde, además, a las necesidades de una comunidad herida por fenómenos naturales e impactada por situaciones políticas tanto nacionales como internacionales.
Don Roberto Cossani -colaborador del Banco desde 1953 y quien llegó a ser Gerente General-,  refiere que diversos sectores han atribuido la propuesta de creacion indistintamente a don Julio Peña Morúa, a don Carlos Aragón Ramírez, a don Alex Pirie Booth, a don Francisco María Peña Villar y a don Ramón Jacinto Rivera Brenes, miembros del “Club de la Boñiga”. En lo que sí hay acuerdo es en que en ese grupo se propuso la idea de organizar una sociedad cartaginesa de ahorro y préstamo, siendo el Dr Maximiliano Peralta Jiménez, accionista, quien le dio nombre a la institución. El Banco también fue pionero en la creación de uno de los primeros almacenes de depósito del país, el Depósito Agrícola de Cartago S. A.. Propietario del 100% de las acciones, el Banco entra de lleno al financiamiento de la agricultura mediante la pignoración y custodia de las cosechas. Años después, en 1993, ampliará sus servicios a Almacén Fiscal.
Cuando en 1948 es nacionalizado, se constituye en el más “joven” de los bancos comerciales del Estado y en el único regional. Su nueva condicion impulsa la ampliación progresiva de su cobertura a todas las regiones del país. El Banco incursiona en el mercado de dinero plástico desde 1974, a través de la licencia de uso de la tarjeta de crédito de Bank of America, BankAmericard, que se transforma rápidamente en VISA. Se constituye asi en el primer banco en Costa Rica y el 4º en Latinoamérica en operar con tarjetas de crédito.
Desde sus orígenes, la cultura de la institucion fue permeada por su clientela: familiares, amistades y miembros de las vecindades, gente sencilla y humilde que requeria de orientacion personalizada para la atencion de sus necesidades financieras. Por esto la calidez, la confianza y el buen trato han sido históricamente pilares de su servicio. Hoy, luego de operar durante 99 años y tras reiteradas crisis desde los años 80, el gobierno costarricense definió su cierre comercial a partir del 14 de julio del 2017 y actualmente su condición es incierta; es así como alcanza su centenario. En esta coyuntura un grupo de compañeras y compañeros de distintas generaciones de la institución, nos hemos unido para conmemorar sus 100 años bajo el lema:  Tejiendo historias. Centenario del Banco Crédito Agrícola de Cartago.
http://www.panoramadigital.co.cr/en-el-centenario-del-banco-credito-agricola-de-cartago/

viernes, 8 de junio de 2018


Bob Kennedy, de secundario a leyenda

El asesinato de Robert Kennedy, fallecido el 6 de junio de 1968, llevó a EE.UU. a una de sus etapas más oscuras 

Herido de muerte, Robert Kennedy, de 42 años, se giró hacia su amigo Kenny O’Donnell y le dijo:
–Sabes, Kenny, siento que por primera vez me he sacudido la sombra de mi hermano. Siento que he actuado por mi cuenta.
Ahora hace medio siglo que le tirotearon en un hotel de Los Angeles. El biógrafo Evan Thomas, que incluyó ese pasaje en su volumen, resumió la vida de Bob o Bobby para los íntimos. “Esta es la historia de un niño poco prometedor que se convirtió en un gran hombre”, remarcó.
Jeff Shesol, otro buen conocedor de este mito americano, lo describe en una entrevista como un “underdog” desde que era estudiante, la personalidad de un secundario, el que cuenta con todos los números del perdedor.
“De crío siempre fue el menospreciado entre los compañeros que le rodeaban y eso hizo que de adulto sintonizara con los pobres, con los negros, con la gente que tenía que luchar día a día para sobrevivir. Su hermano John se preocupaba por ellos, pero no se identificaba. Robert estaba verdaderamente conectado con ese movimiento en términos morales”, matiza. Shesol es el autor de Mutual Contempt (desprecio mutuo), exhaustivo libro publicado en 1997 sobre la enemistad entre Lyndon Johnson, sucesor de John Kennedy en la presidencia de Estados Unidos tras el magnicidio de Dallas, en noviembre de 1963, y Bob, que siempre se dedicó a cuidar la marcha política de su hermano y, luego, de su legado.
Esta circunstancia le llevó al Senado y a entrar en la puja por la Casa Blanca, con la guerra de Vietnam de telón de fondo.
Durante la carrera electoral de 1968, señala Thomas, Robert nunca mencionó por su nombre a John, aunque en las jornadas de frío vestía su gabán para sentir la presencia de su hermano.
La tormentosa década de los sesenta en Estados Unidos lloró la desparición de tres de sus más prominentes y prometedores líderes. Bob, en plena tarea por llevarse la nominación del Partido Demócrata, cayó aún no cumplidos cinco años de la defunción de John y sólo 68 días después del asesinato de Martin Luther King en Menphis (Tennessee).
Y, pese a la admiración por el presidente mártir, por la memoria de JFK como uno de los mandatarios más determinantes que haya tenido el país para las últimas generaciones, existe una importante corriente de pensamiento instalada en la creencia de que Robert Kennedy habría disfrutado de una mayor penetración en el tejido social.
“Lo he pensado muchas veces y aún lo hago”, replica Shesol al plantearle el que habría pasado sí Bob no hubiese ido prematuramente a morar al cementerio de Arlington (Virginia).
“La nación nunca se recuperó realmente de su pérdida porque creo que habría ganado la nominación y habría derrotado a Richard Nixon. No se ha de olvidar que Hubert Humphrey casi le batió. Y Robert Kennedy por supuesto que le habría vencido en noviembre de 1968”, reitera.
“Entonces no habría habido Watergate”, recalca. El Watergate es el caso de corrupción y espionaje desvelado por The Washington Post y que llevó a la renuncia de Nixon en 1974.
Este asunto incrementó todavía más la desconfianza de los ciudadanos, que optaron por la retirada, “por buscar una especie de redención privada que ha impactado en profundidad en la vida de los estadounidenses”, según Ross Baker, profesor de Ciencias Políticas en la Rutgers University, en declaraciones al The New York Times.
“Habría habido una presidencia más ética –subraya Shesol al hablar de Bob–, nada de escándalos o corrupción. Aún más importante, se habría producido una retirada de Vietnam. No habría sido de la noche a la mañana, pero estaba comprometido para traer las tropas de regreso a casa. No se habría invadido Camboya. Piensa que la mayor violencia y disturbios en los campus se registró en los setenta con la operación de Nixon en Camboya”.
Otro elemento diferencial que cita Shesol. “Hemos de ser realistas. No iba a crear la armonía racial de un día para el otro, pero habría sido un presidente sanador, una fuerza en busca de la unidad. En cambio, tuvimos a Nixon que sacó rédito en la oportunidad de profundizar las divisiones, de amplificar las diferencias, de enfrentar al sur con el norte, que es la política de los republicanos. No habría sido un presidente perfecto, pero era un hombre moral y un político práctico. El país sería muy diferente”, sentencia.
Téngase en cuenta que todo esto son teorías. Condicionales. Cierto, un escenario hipotético basado en ideas y conductas, sin el elemento conspirativo del que tampoco se ha podido escapar Bob Kennedy.
Queda claro que no hay cadáver ilustre que disfrute del descanso eterno en Estados Unidos.
El Post desveló la semana pasada que Robert Kennedy junior, de 64 años y uno de los once hijos de Bob, visitó a finales del 2017 a Sirhan B. Sirhan en la cárcel californiana donde cumple cadena perpetua por el asesinato de su padre.
Lo detuvieron en le mismo lugar de los hechos la madrugada del 5 de junio de 1968, con la pistola en la mano. Bob acaba de ganar el apoyo demócrata en el estado del oro y había comparecido ante sus enfervorizados seguidores en el hotel Ambassador. Eran las cero horas y quince minutos cuando se dirigía a otra sala para una rueda de prensa. Aunque Sirhan, de 24 años e inmigrante de origen palestino, se reconoció culpable, pronto arrancó la teoría de las dos armas. Robert junior se alineó con este coro tras conversar con el encarcelado. “Me trastorna que la persona equivocada esté cumpliendo por matar a mi padre. Él fue el responsable según la justicia y pienso que estaría perturbado si alguien estuviera en la cárcel por un crimen que no cometió”, recalcó. A Sirhan le han denegado 15 veces la condicional.
Queda claro que no hay cadáver ilustre que disfrute del descanso eterno en Estados Unidos.
El Post desveló la semana pasada que Robert Kennedy junior, de 64 años y uno de los once hijos de Bob, visitó a finales del 2017 a Sirhan B. Sirhan en la cárcel californiana donde cumple cadena perpetua por el asesinato de su padre.
Lo detuvieron en le mismo lugar de los hechos la madrugada del 5 de junio de 1968, con la pistola en la mano. Bob acaba de ganar el apoyo demócrata en el estado del oro y había comparecido ante sus enfervorizados seguidores en el hotel Ambassador. Eran las cero horas y quince minutos cuando se dirigía a otra sala para una rueda de prensa. Aunque Sirhan, de 24 años e inmigrante de origen palestino, se reconoció culpable, pronto arrancó la teoría de las dos armas. Robert junior se alineó con este coro tras conversar con el encarcelado. “Me trastorna que la persona equivocada esté cumpliendo por matar a mi padre. Él fue el responsable según la justicia y pienso que estaría perturbado si alguien estuviera en la cárcel por un crimen que no cometió”, recalcó. A Sirhan le han denegado 15 veces la condicional.
“Bob junior está mal aconsejado, escucha a la gente equivocada, no mira esto con racionalidad”, sostiene Dan Moldea, autor del libro The killing of Robert F. Kennedy, que salió en 1995. “Es vergonzoso que el hijo de esta gran hombre pueda llegar a esta conclusión cuando no hubo conspiración. Es una tragedia adicional junto a la tragedia de la muerte del senador Kennedy”, insiste en una charla telefónica.
Maldea sostiene que él fue precisamente quien lanzó la teoría de las dos pistolas. Sin embargo, la desmintió una vez que tuvo acceso a los informes policiales. Entrevistó a 104 policías y testigos, y además tuvo tres largas conversaciones con Sirhan, en las que le reconoció su culpa. “¿Por qué no aprovechar la oportunidad mientras haya gente como tú que va creando evidencias exculpatorias?”, dice que le dijo.
En todo caso, el tribunal determina que, pese a que hubiera una segunda arma, Sirhan apretó el gatillo, por lo que no es inocente.
Moldea descarta los ingredientes que se agitan, como que se contaron más balas de las que cabían en el cargador de la pistola de Sirhan o que éste disparó por detrás y Bob recibió impactos por delante. Pero lo que más le indigna es que se asegure que el autor no sabía lo que hacía ya que alguien le hipnotizó. “¡Esto es un estupidez!,” exclama.
Sirhan, fracasado como jockey, sólo buscaba su momento de gloria. “Actuó solo”, concluye el escritor e investigador. “A partir de las carreras de caballos miré a ver si había vínculos con la mafia pero no hallé nada de nada”, apostilla. Y eso que, como experto en el crimen organizado, confiesa que a Bob Kennedy le pesó en la conciencia que su dureza como fiscal general en la persecución a la mafia hubiera incitado al asesinato de su hermano.
De hecho, tras su muerte en Dallas, contactó con un miembro del exilio cubano para saber si había algún complot en macha e hizo lo propio con un informante de Chicago sobre la mafia. Y llamó a John McCone, director de la CIA, para saber si la agencia tenía algo que ver. Cosas así propician lo que Shesol califica de caricatura. El bueno y el perverso Robert Kennedy.
El que la noche del 4 abril, fecha de la muerte de Luther King, hizo una despedida emocional en Indianapolis –se ganó la consideración de ser “el hombre blanco en el que más confía la América negra”– es el mismo que autorizó al FBI, cuando era jefe de justicia, para que investigara al reverendo, su vida privada, “para saber si estaba bajo la influencia del Kremlin”. Robert, el abierto de mente, empezó su labor colaborando con el senador Joseph McCarthy, el de la caza de brujas por la infiltración comunista.
Es el mismo Bob que odiaba a Johnson el que maniobró para ir como vicepresidente con él en las elecciones de 1964.
“Son diferentes momentos de su existencia en los que se expresan distintos rasgos de su personalidad”, aclara Shesol. “En el gobierno de su hermano fue un duro agente de la ley y, cuando John murió, se expresó por sí mismo, sacó otras cualidades. No creo que sean dos personalidades, sino que siempre estuvieron ahí”, comenta.
Más allá de las hipótesis, hoy parece más vigente la herencia de Nixon que la de Robert Kennedy. “Me temo que es cierto”, ratifica Shesol.
“Es la razón –precisa– por la que muchos se sienten nostálgicos de Kennedy, porque América se mira en el espejo y no nos gusta la cara que proyectamos al mundo. Ahora tenemos en Washington una familia rica cuyos valores son los opuestos, que sólo pretenden enriquecerse para ellos mismos”.
http://www.lavanguardia.com/internacional/20180603/444025656702/robert-kennedy-asesinato-aniversario.html

martes, 5 de junio de 2018


A 50 años del atentado en Los Angeles
Robert "Bobby" Kennedy, el hombre que pudo haber cambiado la historia
Minutos después de iniciado el 5 de junio de 1968,  fue baleado en la cocina del Hotel Ambassador de Los Angeles. Murió casi un día después. Tenía 42 años.

Sabía que iban a matarlo. Y supo que lo habían matado no bien la bala del revólver calibre 22 disparada a menos de tres centímetros de su cabeza por Sirhan Bishara Sirhan, si es que él la disparó, entró por detrás de la oreja izquierda y dispersó fragmentos de su cerebro. Minutos después de iniciado el 5 de junio de 1968, hace cincuenta años, Robert Francis “Bobby” Kennedy cayó al piso de cemento de la cocina del Hotel Ambassador de Los Ángeles con un grito en la boca: “¡Jack, Jack!”, el nombre de infancia de su hermano, el presidente John Kennedy, asesinado en Dallas cuatro años y medio antes, el 22 de noviembre de 1963.
Sirhan, un jordano de 24 años de ascendencia palestina, fue apresado de inmediato.
El primero en socorrer a Bobby fue un chico de 17 años de origen mexicano, Juan Romero, que fue la última persona a la que Kennedy estrechó la mano antes del balazo fatal. Romero atinó a contestarle que todo iba a salir bien cuando Bobby le preguntó entre estertores, “¿Todos están bien?”.
Enseguida, William Barry, un agente retirado del FBI que era su única custodia junto a dos ex jugadores de fútbol americano, le colocó su saco bajo la cabeza. Los fotógrafos, que habían seguido el acto de campaña con el que Kennedy había celebrado en la noche del 4 de junio su triunfo en las elecciones primarias de Los Ángeles y de Dakota del Sur, lo que lo convertía en un casi seguro candidato a la presidencia para las elecciones de noviembre de ese año, entraron en tropel y tomaron las primeras imágenes del atentado.
La foto de Bobby agonizante y el chico Romero que clama desesperado en un grito silencioso, pasó a la historia en las cámaras de Boris Yaro, de Los Angeles Times, y de Bill Eppridge, de la revista Life.
También llegó, desesperada, Ethel Kennedy, su mujer, la madre de sus diez hijos y que esperaba uno más, Rory, que nació pocos meses después del asesinato de su papá y está por cumplir también cincuenta años.
Los testigos dicen que alcanzó a reconocer a Ethel. Alguien le puso al moribundo un rosario en las manos. Robert Kennedy murió casi un día después, en las primeras horas del 6 de junio en el hospital Buen Samaritano de Los Ángeles.Tenía 42 años.
Si no buscaban su muerte, al menos la vieron con agrado, la industria armamentista de Estados Unidos, en alerta por la firme postura de Kennedy de poner fin a la guerra en Vietnam; la CIA, enemiga declarada de su hermano y de él mismo mientras fue procurador general durante la presidencia de JFK; el FBI en manos de J. Edgar Hoover, que odiaba a los Kennedy; la mafia americana, que había contribuido al triunfo de JFK y a quien Bobby persiguió durante su gestión como ministro de Justicia; los exiliados cubanos anticastristas para quienes el nombre Kennedy era símbolo de traición desde la fracasada invasión a Bahía de Cochinos, Cuba, en abril de 1961 y, en general, la extrema derecha de Estados Unidos para la que Bobby era casi un agente del comunismo internacional por su prédica a favor de las libertades individuales, de los derechos civiles de los negros, por su impulso a mejorar las condiciones de vida de los más humildes, como solía decir, de “los desheredados”, por su acercamiento a líderes campesinos como César Chávez, de California y, dice la leyenda, hasta por buscar un acercamiento a Ernesto Guevara antes de su asesinato en Bolivia en 1967
Bobby había nacido en el barrio de Brookline, en Boston, el 20 de noviembre de 1925. Era el tercero de los cuatro hijos varones de Joseph Kennedy y Rose Fitzgerald, que tuvieron nueve hijos. El asesinato de sus dos hermanos disuadió al cuarto varón, Edward, de dejar de lado cualquier intento de ser candidato a la presidencia de Estados Unidos.
Bobby tenía 35 años cuando su hermano presidente lo hizo procurador general, el equivalente a ministro de Justicia. Vivió unos años tumultuosos en los que sus ideas viraron casi al ritmo de aquellos tiempos.
Padeció el disparate de la invasión a Cuba en 1961 y jugó un rol decisivo en los trece días en los que el mundo estuvo al borde de la guerra atómica durante la crisis de los misiles cubanos, en octubre de 1962.
Halcón al principio de aquella crisis, la realidad lo convirtió en negociador. Mientras en el gabinete de crisis se discutía la posibilidad de “borrar a Cuba de la faz de la Tierra”, según consta en las grabaciones, Bobby garabateó un mensaje apurado destinado a su hermano: “Ahora sé cómo se sentía Tojo cuando planeaba Pearl Harbor”, en referencia al almirante japonés que decidió el ataque que llevó a Estados Unidos a la guerra en diciembre de 1941.
El escrito luce hoy en la Biblioteca Kennedy de Boston.
Tras el asesinato de su hermano, que lo dejó devastado, siguió como procurador durante nueve meses.
Su pésima relación con el sucesor de Kennedy en la Casa Blanca, Lyndon Baines Johnson, lo llevó a renunciar. Fue electo senador por Nueva York.
Visitó la Argentina en noviembre de 1965 y nunca dejó de lado una investigación personal y paralela del asesinato de su hermano.
En 1968, un año que cambió al mundo, Estados Unidos vivía casi en el colapso: Vietnam se perdía, los generales que habían jurado ver una luz al final del túnel habían enmudecido, el presidente Johnson no sabía cómo poner fin a aquel desastre y Kennedy vio su oportunidad para lanzarse a la presidencia. Lo hizo el 16 de marzo de ese año. Dos semanas más tarde, en un discurso que sacudió a la nación, Johnson avisó que no iba a presentarse para ser reelecto. Cuatro días después de ese anuncio, en Memphis, fue asesinado de un disparo en la cabeza el líder negro de los derechos civiles Martin Luther King, premio Nobel de la Paz.
Bobby Kennedy, que esa noche iba a hablar en Indiana en un acto de campaña, anunció el asesinato a sus seguidores, improvisó un discurso conmovedor en el que citó de memoria al dramaturgo griego Esquilo, a quien admiraba desde su adolescencia, y dijo: "Lo que necesitamos en los Estados Unidos no es división, lo que necesitamos en los Estados Unidos no es odio, lo que necesitamos en los Estados Unidos no es violencia o anarquía, sino amor, sabiduría y compasión hacia los demás, y un sentimiento de justicia para aquellos que aún sufren dentro de nuestro país, ya sean blancos o negros.”
Pero se supo de inmediato condenado a muerte.
La leyenda dice que la tarde del día en que fue asesinado, Kennedy dijo a los suyos: “Acabo de ver allí afuera a los tipos que me van a matar”. Se refería a tres miembros de la CIA, David Morales, Gordon Campbell y George Joannides, de la división Anti-Castro de Miami. Quién sabe si Bobby dijo lo que le atribuyen.
Lo cierto es que, días antes, el novelista francés Romain Gary le dijo a Pierre Salinger, ex jefe de prensa de John Kennedy, “A tu candidato lo van a matar”.
Y lo que quedó registrado para la historia es el diálogo en voz alta, y entre periodistas, que el día del crimen tuvo en el Ambassador Jimmy Breslin, del New York Daily News y John Lindsay, de Newsweek. Breslin preguntó si Kennedy tenía lo suficiente para llegar hasta el final.
La respuesta de Lindsay fue: “Por supuesto que tiene lo necesario para llegar hasta el final. Pero no va a llegar hasta el final: alguien lo va a matar. Yo lo sé, ustedes lo saben y es tan cierto como que estamos sentados aquí. Y él está allí afuera, esperando que lo maten”, como reveló el historiador Richard Mahoney en su libro “Sons and Brothers”.
Las teorías sobre el asesinato
Como no podía ser de otra manera tratándose de un Kennedy, abundan las teorías conspirativas sobre su asesinato. Todas con fundamento. En la cocina del Ambassador se registraron trece disparos.
El revólver de Sirhan tenía capacidad para ocho balas. ¿Hubo más de un tirador? Además del balazo en la cabeza, a Bobby Kennedy lo hirieron otros dos disparos: uno entró por la axila derecha y salió por el pecho; el otro se alojó en la parte trasera del cuello.
Quienes atraparon a Sirhan juran que, pese a que siguió disparando, nunca pudo hacer blanco después del segundo disparo, cuando le sujetaron la mano armada sobre una mesa de vapor. Paul Schrade, amigo de Bobby, que tiene hoy 93 años y fue herido en la cabeza en el tiroteo, jura que el primer disparo de Sirhan rebotó en una heladera y lo hirió a él y que de ninguna manera Sirhan pudo herir a Kennedy. Otros testigos dicen que Sirhan estaba delante de Bobby, y no detrás como para dispararle en la nuca.
Lo más impresionante es que el hijo de Bobby, Robert Francis Kennedy Jr, de 64 años, que tenía 14 cuando mataron a su papá, visitó en la cárcel de California a Sirhan, el asesino confeso que hoy tiene 74 años y que en 1969 dijo no recordar haber disparado contra Bobby.
Kennedy hijo dijo al Washington Post que no cree que Sirhan haya asesinado a su padre. “Estoy perturbado porque puede que esté en prisión la persona equivocada. Eso no le gustaría a mi padre”. Kennedy hijo no reveló detalles de la conversación con Sirhan.
El hotel Ambassador fue demolido a principios de los 90.
Ningún Kennedy se postuló a la presidencia de Estados Unidos hasta hoy.
La antorcha, que según JFK había pasado a una nueva generación, quedó en las viejas manos.
Juan Romero, el chico que socorrió a Bobby, vive hasta hoy convencido de que, si no le hubiese estrechado la mano al candidato, la historia pudo ser distinta.
La impronta de RFK, de los Kennedy en general, pervive hoy en muchas de las leyes de ese país, aunque pocos recuerden quiénes las impulsaron. Bobby Kennedy, tal como lo recordó el historiador John Schlesinger, fue un tipo al que la historia cambió y que pudo, de haber tenido vida, haber cambiado la historia.

lunes, 4 de junio de 2018

ASESORAMIENTO DEL 29 DE MAYO EN EL CTP GE.VI. CON EL ASESOR NACIONAL DON MARVIN CARVAJAL BARRANTES SOBRE HUELLA ECOLÓGICA. 






Muchas gracias por su participación.



 Además de la jornada con docentes don Marvin fue el invitado especial del programa de la Radio Cultural Generaleña 88.1 FM Stereo con este servidor y con los entrevistadores Lic. Félix Riveros Morales y Lic. José Pineda Dubón.