La frase de la semana

Pensamiento del día:


"Los políticos y los pañales hay que cambiarlos a menudo y es por la misma razón". George Bernard Shaw

Estamos de vuelta

Damas y caballeros colegas.

Deseo recordar a los generaleños y a la comunidad nacional el martirio que vivió la ciudad de San Isidro y la población civil generaleña hoy hace exactamente 70 años y cuya única mención se hace en una placa del parque que rebaja la carnicería que se dio con el término de "jornada cívica". En esta crónica, haremos referencia a lo que en realidad sucedió. En la sección Esta Semana en la Historia se consigna un dato paradójico sobre el Centenario de Don Rogelio Fernández Guell. Feliz inicio de semana!
Atte.


El Editor

San Isidro de El General, 19 de marzo de 2018.


lunes, 29 de enero de 2018

Manual para elegir presidente





Entramos en la recta final para designar al futuro presidente de la república. A sabiendas de que en cada nueva elección nos va peor que en la anterior, le ofrecemos aquí una guía para que tome la debida precaución.
1-De ninguna manera se deje sorprender por el lenguaje de los candidatos políticos cuya demagogia intoxica aún más nuestra alicaída democracia.
Recuerde, si no, aquella legendaria frase de Oscar Arias: Los que hoy vienen en bicicleta, vendrán en BMW, y los que vienen en un Hyundai vendrán en Mercedes Benz.
2-El charco preferido de ellos es, mediante una retórica de celofán, apelar a las emociones de la masa votante y nunca a las razones que puedan comprometerlos y delatarlos.
Recordemos también a Laura Chinchilla cuando dijo: Por sobre todo vamos a luchar porque domine el buen trato y respeto a nuestros asegurados.
Pero pasa el tiempo, vienen nuevos presidentes, se nos va la vida y crece la insatisfacción con los servicios de la CCSS y las listas de espera, para decir lo menos.
3-Las crisis son la materia prima ideal de los candidatos para, a través de sus soflamas de tarima, exacerbar en su favor a la masa votante y obtener réditos electorales.
El actual presidente Solís se ha lucido en este terreno: Haremos un gobierno transparente que, desde hoy, se compromete a rendir cuentas de todos sus actos en forma puntual, precisa y oportuna.
4-Otro territorio fértil para los demagogos, pero minado para los electores, es la incertidumbre, concepto del que echan mano para crecer y erigirse mesiánicamente ante un pueblo tan permeable a los “cantos de sirena” como el nuestro.
No olvidemos el “Plan Escudo” de Arias para enfrentar la incertidumbre creada en nuestro país por la crisis económica mundial de 2008: Estoy aquí para detallar el contenido de un plan de protección social y estímulo económico frente a la crisis internacional…
Sin embargo, según expertos y organismos internacionales, Arias nos dejó casi en la bancarrota. Nos llevó del superávit fiscal que dejó el gobierno que le antecedió, al déficit fiscal más alto de América Latina. Y no fue precisamente para atender las prioridades nacionales.
5-Los candidatos se dedican a ofrecer soluciones fáciles a problemas que, por la gravedad que han adquirido, exigen soluciones titánicas.
En este capítulo las frases diluvian sobre la ingenuidad del ciudadano votante: “El tren interurbano será una realidad en mi gobierno”. “Ampliaré la carretera San José-San Ramón”. “Cerraré el Conavi”. “Reduciré las tarifas eléctricas”. “No impulsaré más impuestos”…
6-Los candidatos prefieren que el votante no piense, no analice y no cuestione sino que se deje llevar a ojo cerrado por el embrujo de su verbo líquido.
“Adelante”. “Vamos con todo”. “La hora del abrazo”. “Vote por usted”. “Paz con la naturaleza”. “Yo soy el cambio”. “Conózcame”. “Con Costa Rica no se juega”…
7-Por último, no se deje influir por los sondeos. Recuerde que fallan. Muchos entrevistados tienden a votar lo contrario de lo que han dicho a los encuestadores.



Todavía borbotean en la memoria colectiva nacional algunos ejemplos de la manipulación que de esas mediciones han hecho ciertos medios de comunicación según sus más recónditos intereses.
Querido compatriota: Costa Rica no va por buen camino. Si, de verdad, a usted le importa su país, hágalo grande poniéndolo por encima de toda pequeñez personal que solo favorece a las élites y a los gremios.
Desde ya piense bien su voto para no ser víctima de los candidatos que le prometen la Arcadia feliz pero que, una vez en el poder, se convierten en amenaza letal para la sociedad abierta y el ciudadano común en particular.
Pondere con detenimiento la trayectoria pública de cada uno, sus antecedentes éticos y morales, su aporte real y fructífero a la sociedad civil, su don de liderazgo fiel a la causa nacional, sus “padrinos” tras bastidores, su karma y su propuesta -si tuviera alguna- para fortalecer la institucionalidad del país.
No permitamos que a través del Estado corrupto que han concebido a su imagen y semejanza, las “familias” políticas, los populistas y los oportunistas sigan amasando fortunas y robándonos la paz, la libertad, la dignidad y el futuro.
La democracia es tarea de todos y para todos. ¡Buena suerte Costa Rica!
https://www.crhoy.com/opinion/columnas/edgar-espinoza/manual-para-elegir-presidente/


viernes, 26 de enero de 2018

REQUIEM POR BANCREDITO





Este año 2018, uno de los bancos que dio origen a la Nacionalización Bancaria hubiera llegado al centenario de su fundación, el Banco Crédito Agrícola de Cartago, sin embargo a mediados de 2017 el gobierno decidió sacarlo de la “intermediación financiera” lo que en términos reales significa la quiebra de la entidad, puesto que al ser sacado del mercado bancario y no tener ganancias el Banco quedó condenado a la Bancarrota. Algo que Luis Guillermo Solís intentó disimular con la promesa de presentar un proyecto de ley que iba a convertir al BCAC en un banco enfocado en Banca para el Desarrollo. La fecha límite para esto era el 31 de diciembre y como era de esperar,  el proyecto de ley ni siquiera se conoció y menos ser votado en la Asamblea Legislativa.
De hecho a finales del mes de diciembre la Superintendencia, intervino lo que quedó de Bancrédito ya que con su cierre de operaciones fueron cerradas las oficinas centrales en Cartago y San José junto con todas sus sucursales, incluyendo la que se encontraba en San Isidro de El General, con lo que centenares de funcionarios que quedaron, fueron a engrosar los maquillados porcentajes de desempleo que en 2013 había denunciado el PAC, siendo oposición. Es indescriptible el impacto que una decisión política puede tener en miles de personas integrantes de una familia cuando posiblemente su única fuente de sustento es cortada sorpresivamente.



Lo peor es que hasta el momento no se ha dicho cuál fue la causa de la quiebra de Bancrédito. Incluso cuando el Banco Anglo fue cerrado por el desgobierno de José María Figueres Olsen se tuvo más claridad de cuantas habían sido las pérdidas y se sentaron responsabilidades y algunos de los implicados fueron a parar a la cárcel u otros  como los hermanos López, debido a una negligente vigilancia huyeron impunemente a su país natal Chile.
El cierre de Bancrédito evidencia algo que sacó a flote el escándalo del Cementazo. La forma en que los puestos en las directivas bancarias han venido siendo una piñata para los amigos del gobernante de turno, aunque no tengan la mínima noción de banca o finanzas. Simplemente con unas cuantas horas de calentar una silla a la semana se pueden ganar jugosas dietas. Que sirven para continuar engrosando las billeteras de exministros, exdiputados, exembajadores, para seguir disfrutando su vida palaciega, con la plata del pueblo aunque estén en oposición.



Sería ideal que el electorado castigue este tipo de conductas en las elecciones de febrero ya que han minado aún más la credibilidad de los políticos, que incluso juegan con el raciocinio de la masa de votantes, cuando el candidato  del gobierno, hasta usa como lema de campaña “Yo creo”. De igualmente que no vengan con agendas ocultas para el elector, que luego materializan en políticas como promoción de paquetes tributarios (impuestos), matrimonio de personas del mismo sexo o liberación masiva de presos. Sí creen en algo, que lo digan, pero no vengan después con sorpresas de esas dimensiones.   Aspectos que por impopulares, nunca incluirían en ningún programa de gobierno, pero que luego abusando del poder que se le confiere, piensan que gobernar es como si el pueblo le ha dado un cheque en blanco al Presidente para poder hacer lo que le da la gana y así no funciona la democracia. Habrá que esperar que dice finalmente la Comisión del Cementazo, si se pronuncia en el caso del Banco Crédito Agrícola de Cartago, aunque la actual legislatura se acerca a otro lúgubre final.

martes, 23 de enero de 2018

En menos de 100 días una ciudad del mundo se convertirá en la primera en quedarse sin agua.



Hace tres años que la sequía llegó a la Ciudad del Cabo y sin intenciones de irse, pues según varios especialistas en menos de 100 días este territorio se quedará sin agua de manera total.
La sequía alrededor de la capital legislativa de Sudáfrica ha dejado casi vacías las presas de las que se abastece, que han registrado niveles mínimos históricos.

Así lo informó la revista Time, quienes aseguran que se trata de la capital legislativa de Sudáfrica, Ciudad del Cabo.

La sequía alrededor de la ciudad ha dejado casi vacías las presas de las que se abastece, y ya registran niveles mínimos históricos.

El llamado “Día Cero” será el 21 de abril cuando se prevé que las represas estén por debajo del 13,5 % de su capacidad combinada.


Cuando llegue ese día se cortará el suministro de agua de toda la ciudad, exceptuando los lugares claves tales como hospitales y en los barrios más pobres y necesitados.

Esto significa que los habitantes de Ciudad del Cabo deberán abastecerse de agua en alguno de los 200 puntos de suministro repartidos en el territorio, los cuales serán custodiados por guardias armados para garantizar el orden.

De acuerdo con el medio RT, la ciudad ya se prepara para afrontar esta situación de gravedad.

En marzo se prevé que concluya la construcción de tres plantas de desalinización y ya aplican un límite diario de consumo de agua por persona.

Otra de las medidas que aplican es un monitoreo constante para avergonzar a aquellos que desperdicien el preciado líquido.

jueves, 18 de enero de 2018

Proyecto Islero, la bomba atómica que España pudo tener durante el franquismo.
Durante los años 60 y 70, España estuvo cerca de entrar en el club de los países con capacidad nuclear. Las presiones extranjeras terminaron por abortar el proyecto
"Al proyecto de la bomba de plutonio, el desarrollo de sus componentes y a una futura fabricación y prueba de las bombas le puse el nombre de Proyecto Islero, en recuerdo del miura que mató a Manolete y que presentía terminaría matándome a disgustos". En 1963, Guillermo Velarde, físico y militar del Ejército del Aire, ya era consciente de lo que se le venía encima: la titánica tarea de poner en marcha un proyecto científico de élite con el objetivo de meter a España de lleno en uno de los clubes más exclusivos del mundo, el de las potencias nucleares.



Dadas las implicaciones del proyecto, los científicos no serían los únicos desafíos a superar, ya que la política interna y externa de la dictadura primero y la democracia después tendrían mucho que decir al respecto y de hecho serían las responsables de que España finalmente no tuviese armas atómicas.

Velarde lo cuenta todo en 'Proyecto Islero. Cuando España pudo desarrollar armas nucleares', la "historia de una España que pudo ser y no ser", una detallada crónica de nuestra carrera nuclear que comienza con el accidente nuclear de Palomares en 1966, en el que Velarde recibió el encargo de examinar los restos de las dos bombas y de recoger muestras para ser analizadas en la Junta de Energía Nuclear (centro de investigación y órgano asesor del Gobierno en temas de seguridad y protección nuclear), y termina a principios de los años 80, cuando España renunciaba oficialmente a la fabricación de armas nucleares.

Átomos para la Paz y Marruecos

Años antes de esta historia, en 1955, España había firmado con Estados Unidos un acuerdo de cooperación nuclear dentro del programa Átomos para la paz que sirvió para que nuestro país no partiese de cero en el desarrollo nuclear: gracias a aquellas ayudas, en diciembre de 1958 Franco inauguró el Centro de Energía Nuclear Juan Vigón en la Ciudad Universitaria de Madrid.
Fueron las complicadas relaciones con Marruecos a partir de su independencia en 1956 las que hicieron surgir el interés por una bomba atómica española. Los altos mandos militares, con Franco y Carrero Blanco a la cabeza, comenzaron a ver la bomba como una necesidad para reforzar el papel de España en Europa y para disuadir a Marruecos de atacar sus territorios fuera de la Península. En caso de conflicto, Estados Unidos ya había avisado de que no iba venir en su ayuda.

Por eso en 1963 comenzó a fraguarse la idea de una bomba atómica española, con el encargo de un informe sobre las posibilidades reales que había de construirla sin alertar a la comunidad internacional. Unas posibilidades que no parecían muy prometedoras en un principio, hasta que el accidente de Palomares hizo caer en manos de los técnicos españoles restos de las bombas americanas. A partir de la investigación de esos restos se puso de nuevo en marcha el Proyecto Islero. 

Plutonio y un proyecto secreto

Desde el principio, el Proyecto Islero se mantuvo en secreto. Cuenta Velarde cómo los distintos equipos que trabajaron en él no sabían a qué se dedicaban los demás ni cuál era el fin último de sus investigaciones. El trabajo se dividió en dos fases: "la primer correspondía al proyecto de la bomba atómica en sí, y la segunda a la construcción de un reactor nuclear, de la fábrica de los elementos combustibles del reactor y de la planta de extracción del plutonio de los elementos combustibles sacados de este reactor".
Velarde apostó en todo momento por una bomba de plutonio, y no de uranio. El uranio 325, del que se necesita un 80% para construir una bomba atómica, había que obtenerlo en plantas de difusión gaseosa, que por coste, consumo eléctrico y dificultades técnicas estaban fuera del alcance de España. El plutonio 239, que forma al menos el 94% de una bomba atómica de esta base, se podía conseguir en un reactor nuclear pequeño y una potencia térmica cien veces inferior a los utilizados para producir electricidad.
La pega era que, con este segundo elemento, el proceso posterior de fabricación de la bomba era mucho más complejo, "pero debido a la gran capacidad científica y técnica de la mayoría de los investigadores de la JEN", asegura Velarde en su libro, "estaba totalmente convencido de que podía desarrollarse y construirse".




  

Pospuesto indefinidamente por orden de Franco

Pero Franco no veía nada clara esta opción. En una reunión que mantuvo con él en 1966, Velarde recibió la orden de posponer indefinidamente el desarrollo del proyecto. El dictador estaba convencido de que antes o después sería imposible mantenerlo en secreto, y España no estaba en condiciones de soportar otras sanciones económicas. A cambio, permitió que las investigaciones siguiesen adelante, siempre desligadas de las Fuerzas Armadas, y se comprometió a no firmar un acuerdo internacional que se estaba negociando en ese momento para prohibir la fabricación de armas nucleares. Pero eso era todo por el momento. 
Así que cuando el 1 de julio de 1968 casi 50 países firmaron el Tratado de No Proliferación Nuclear, España no estaba entre ellos. Poco tiempo después se instalaba en la sede de la Junta de Energía Nuclear (JEN, hoy Centro de Investigaciones Energéticas Medioambientales y Tecnológicas) el primer reactor español con capacidad para producir plutonio para las bombas, y los primeros gramos de este material se obtuvieron el año siguiente.
En 1971, a instancia de Manuel Díez Alegría, jefe del Alto Estado Mayor, Velarde retoma el proyecto Islero. Díez Alegría opinaba que "la defensa de España no debía dejarse en manos de Estados Unidos ni de la OTAN, aunque en un futuro pudiésemos entrar en esta organización. España necesitaba su propia fuerza de disuasión nuclear". Un informe elaborado por Velarde y otros militares ese mismo año concluía que España podía poner en marcha con éxito "la opción nuclear". Las miras estaban puestas en la central de Vandellós, donde se podría obtener el plutonio de forma discreta (de tecnología francesa, el general Charles De Gaulle apoyaba la idea de una España atómica), y se barajaba el desierto del Sáhara como lugar para realizar las pruebas. 



Carrero Blanco y Henry Kissinger

Dos años después, Carrero Blanco se convertía en presidente del Gobierno. Sin muchas simpatías con EEUU ni Israel, quería una relación entre iguales con los estadounidenses: si querían seguir utilizando las bases en territorio español, tendrían que compartir sofisticada tecnología militar y comprometerse a defender al país en caso de ataque. 
La víspera del atentado en el que murió, el 19 de diciembre de 1973, Carrero Blanco se reunió con Henry Kissinger, secretario de Estado norteamericano, con la idea de presionarle para que firmase un nuevo tratado de colaboración que incluyese sus peticiones. Bajo el brazo llevaba dos folios que resumían el Proyecto Islero: España podía fabricar bombas atómicas, y lo haría si no se llegaba a un acuerdo por el que EEUU garantizase su seguridad. Horas después de esa reunión, en la que no logró arrancar a Kissinger un acuerdo concreto, Carrero Blanco moría al explotar una bomba bajo su coche. 




La bomba durante la Transición

Ni su muerte, ni la de Franco dos años después, supusieron el fin del Proyecto Islero. Según relata Velarde, a los pocos días del atentado, con Carlos Arias Navarro como nuevo presidente del Gobierno, recibió la noticia de que se iba a avanzar con el objetivo de disponer de un pequeño arsenar de bombas atómicas para el final de la década.
Pero la fuerza del proyecto se fue desgastando, primero porque desaparecieron de la escena todos los que lo habían impulsado desde las instancias políticas y militares, y segundo porque cuando en 1977 Jimmy Carter llegó a la presidencia, EEUU siguió presionando para que España firmase el Tratado de No Proliferación. Sin embargo, el Islero no desapareció sin más: en 1976 el ministro de Exteriores del primer gobierno de la Transición seguía insistiendo en la intención de "no ser los últimos de la lista" en tener la bomba. En 1977 se conocía el alcance proyectado para el Centro de Investigación Nuclear de Soria: 140 kilos de plutonio al año, suficiente para fabricar 23 bombas anuales. 
Los años siguientes fueron duros para la joven democracia española. A una campaña de atentados de ETA y las reivindicaciones nacionalistas en País Vasco y Cataluña había que añadir la inestabilidad política. Mientras, el presidente estadounidense Carter seguía presionando para conseguir un compromiso antiatómico de España, con amenazas de boicot económico incluido.
En una entrevista de Velarde con Adolfo Suárez, éste mostraba su interés con seguir adelante hacia la bomba atómica, así que España se resistía a firmar un acuerdo de no proliferación, pero hacía pequeños gestos para librarse de las presiones sin comprometer sus posturas futuras, pero la situación se complicaba. Siguiendo indicaciones americanas, el Organismo Internacional para la Energía Atómica estableció que todas las instalaciones nucleares españolas, y en especial el reactor Vandellós 1, tendrían que someterse al control de sus inspectores. "En caso contrario, EEUU impediría la importación de algunos componentes para las centrales nucleares productoras de energías eléctrica que se estaban contruyendo en España". 

El intento de golpe de Estado de 1981 supuso el epílogo de una época convulsa. En abril de 1981, algo más de un mes después del golpe de Tejero y ya con el nuevo gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo, España aceptaba las condiciones de Estados Unidos y sometía sus instalaciones al control de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. "Esto clausuraba de forma oficial el Proyecto Islero", lamenta Velarde. Años después, en 1987, el PSOE firmaba el Tratado de No Proliferación como parte del acuerdo para la integración en la Comunidad Económica Europea. 




viernes, 12 de enero de 2018

La bomba atómica de Francisco Franco ( Parte 1 )


El asesinato de Carrero Blanco 24 horas después de discutir con Kissinger frenó los planes armamentísticos.

Francisco Franco contó con la ayuda de varios científicos nazis para crear una bomba atómica. Así lo relata el historiador Lino Camprubí que ha revelado los motivos que llevaron al régimen a desarrollar la bomba atómica.
Al parecer, todo comenzó tras las bombas de Hiroshima y Nagasaki, cuando todas las naciones vieron el potencial de las armas nucleares y quisieron conseguir una para defenderse en una hipotética guerra nuclear.
España, junto con los países perdedores de la II Guerra Mundial (Alemania e Italia, que tenían completamente prohibido investigar en esta materia), decidió crear una junta secreta para desarrollar un arma que compartir entre las tres naciones. España quería guardar todo el proyecto en secreto porque la continuidad del régimen estaba en entredicho y necesitaba ahora seducir a Estados Unidos para no caer en el completo ostracismo.
Así, el Gobierno de Franco entró en contacto con varios asesores científicos nazis, como Heisenberg (considerado el padre de la bomba atómica nazi, que jamás llegó a desarrollarse) con el fin de recibir asesoramiento en la materia. La obsesión de Hitler durante sus últimos años había sido conseguir una bomba atómica, y sus científicos contaban con muy buena formación en esta materia (además de contar con ciertas simpatías hacia el régimen de Franco, que había colaborado a través de la División Azul en el Frente Ruso, a pesar de haberse mostrado oficialmente neutral).
Durante los años 47 y 48, cuando aún España sufría el aislacionismo internacional, contar con científicos de la talla de Heisenberg (que estuvo en nuestro país seis meses) u Otto Fritz, fue todo un orgullo para un país con el que nadie quería tener relaciones.
Con Italia, por otro lado, el intercambio incluyó el envío gratuito de uranio extaído de las minas nacionales a cambio de que los expertos del país transalpino acudiesen a nuestro país para formar a los físicos españoles.


Unos acuerdos que rápidamente se truncaron.

Carrero Blanco estaba completamente obsesionado con la bomba nuclear
El problema de todo ello es que Alemania, al poco tiempo, tuvo la capacidad de desarrollar sus propias investigaciones sin que se lo prohibiese nadie, mientras que Italia dejó de interesarse por España cuando descubrió que las reservas de uranio que poseía el país ibérico no eran tan amplias como se pensaba.
Por otro lado, Estados Unidos interfirió para que Italia abandonase su programa de independencia nuclear y pasara a depender de la administración norteamericana. Por todo ello, finalmente, las relaciones fueron enfriándose.
Según relata el historiador José Lesta "la persona que se obsesionó con el asunto fue Carrero Blanco" que, junto a Franco, tenía la intención de "entrar en el selecto club nuclear, lo que hubiera concedido a España tener derecho de veto en la ONU".
Por otro lado, "esta tecnología permitiría dar un espaldarazo muy importante a la situación geoestratégica de la dictadura franquista en Europa, ya que sería el único país con armas nucleares -tras Francia- en el continente", afirma el historiador.
Y junto a todo ello, apunta a un último motivo: "Para Franco sería importante disponer de una bomba atómica de cara a ejercer una gran presión real sobre su eterno enemigo: Marruecos -y por extensión, sobre todo el Magreb-, teniendo muy en cuenta al Sáhara que, no por casualidad, era donde debía probarse la primera detonación experimental".
La Junta de Energía Nuclear
Por todos los motivos, finalmente se crea en 1951 la Junta de Energía Nuclear, con el fin de conseguir una bomba atómica para España. Franco encargó el proyecto al General Vigón, aunque quien realmente pilotaría todo (oficialmente, tras la muerte de Vigón en 1955), sería el almirante Carrero Blanco, que continuó obsesionado con el asunto hasta el final de sus días.
Para contar con el dinero suficiente, Franco se encargó de recibir una subvención de Estados Unidos que, supuestamente, iba destinada para el desarrollo de la energía nuclear para uso civil. No se cumplió y todo fue destinado a la bomba atómica. Con la financiación, el país poseía todo lo necesario para fabricar la bomba, tan solo precisaba del combustible, aunque podía adquirirlo en diversos mercados.
Fue en ese momento cuando surgió Francia, que ya se había situado a la cabeza de Europa en materia nuclear. Se ofreció a vender plutonio al país ibérico y España lo aceptó gustosamente. Mientras tanto, Estados Unidos y la U.R.S.S. no conocían nada, ya que no querían que ningún vecino rompiera su hegemonía nuclear. De hecho, los americanos ofrecieron a España y Francia firmar un Tratado de No Proliferación Nuclear aunque ambas naciones finalmente se negaron.
El accidente de Palomares y un asesinato que cambió todo
© Proporcionado por Los Replicantes El incidente de Palomares estuvo relacionado con la investigación de una bomba nuclear
Así, a finales de 1960, España contaba con todo lo necesario para fabricar la bomba. Tan solo le faltaba un elemento indispensable, que era del detonador de la carga. Sin embargo, en unas pruebas en Palomares, parece ser que algo no funcionó "como debía" y el agua se contaminó más de la cuenta.
Todo ello ya estaba poniendo en alerta al resto de las potencias europeas, que no veían con buenos ojos que una dictadura contase con armas nucleares tan cerca de su territorio. A pesar del secretismo que rodeaba al proyecto, los progresos que España estaba realizando en instalaciones y tecnología nuclear de doble uso, civil y militar, no pasaron desapercibidos para los Estados Unidos.
Por todo ello, Henry Kissinger acudió en nombre del país norteamericano para entrevistarse con Franco y sobre todo con Carrero Blanco, con quien permaneció la mayor parte del tiempo.
Llama la atención que Carrero había afirmado haberse sentido amenazado cuando salió del encuentro con Kissinger, con quien llegó a mantener más de una palabra subida de tono. De hecho, Kissinger le instó a firmar el tratado de no proliferación nuclear y abandonar todos los planes, pero no consiguió sus pretensiones.
24 horas después de discutir con Kissinger, el coche del mayor impulsor de los planes atómicos de España saltaba por los aires y con él perdía su vida uno de los mayores estandartes del inmovilismo franquista.
Poco después de morir Carrero, alguien que no se ha identificado produjo un sabotaje en las instalaciones donde se estaban realizando las pruebas, un movimiento que terminó con los planes nucleares de España. 
Tras la muerte de Carrero también desaparecieron de la base aérea de Torrejón varias minas antitanque de alta tecnología que se controlaban inalámbricamente y con sensores acústicos. Todas las armas habían llegado desde la base de Fort Bliss (Texas) y estaban controladas por las fuerzas norteamericanas.