La frase de la semana

Pensamiento del día:


"Los políticos y los pañales hay que cambiarlos a menudo y es por la misma razón". George Bernard Shaw

Estamos de vuelta

Damas y caballeros colegas.

Deseo recordar a los generaleños y a la comunidad nacional el martirio que vivió la ciudad de San Isidro y la población civil generaleña hoy hace exactamente 70 años y cuya única mención se hace en una placa del parque que rebaja la carnicería que se dio con el término de "jornada cívica". En esta crónica, haremos referencia a lo que en realidad sucedió. En la sección Esta Semana en la Historia se consigna un dato paradójico sobre el Centenario de Don Rogelio Fernández Guell. Feliz inicio de semana!
Atte.


El Editor

San Isidro de El General, 19 de marzo de 2018.


miércoles, 8 de agosto de 2012

Lo cierto es...

La respuesta del ministro de Cultura y Juventud, Manuel Obregón López, a nuestro editorial del 2 de agosto, da la medida exacta de la brecha entre los motivos contemplados para destituir a la viceministra de Juventud, Karina Bolaños, y las razones divulgadas por el Gobierno en el comunicado oficial del 30 de julio.
“La separación de su puesto se da luego de que en las últimas horas trascendieran informaciones periodísticas y en redes sociales vinculadas a la vida privada de la viceministra”, rezaba la comunicación inicial. Más adelante, la nota del 30 de julio atribuía al ministro haber dicho que, si bien las informaciones estaban estrictamente relacionadas con la vida privada, y no con el quehacer como funcionaria pública, “la separación de su cargo se dará para que ella pueda enfrentar este caso desde el ámbito privado”.
Cinco días más tarde, la respuesta del ministro al editorial profundiza en razones muy diferentes: “'esta separación del cargo nada tiene que ver con una valoración de sus asuntos personales, sino con consideraciones directamente vinculadas al ejercicio de sus funciones y a su capacidad de seguir ejerciendo adecuadamente el cargo que ostentaba”.
El propio ministro admite la incongruencia: “Que ¿por qué el Gobierno se ha tardado en dar sus razones? Qué ¿por qué hemos actuado con tanta cautela y hemos informado “tarde” sobre las razones de la separación? Pues, precisamente, porque no quisimos contribuir a la difusión de información que podría tener alcances sobre aspectos personales y familiares de las personas implicadas; así de simple”.
En otras palabras, el Ejecutivo retuvo información y faltó a la verdad por consideración a uno de los suyos. Así de simple. No estimó necesario hacer del conocimiento público las verdaderas razones de la destitución. La consideración guardada a la viceministra es una desconsideración hacia la ciudadanía, cuyo derecho a contar con información cierta y completa de los asuntos públicos no puede ser disputada.
La explicación también pone en duda la sinceridad de las preguntas formuladas por el ministro. El Gobierno no tardó en dar razones. Todo apunta a que no pensaba darlas, pero se vio obligado a hacerlo cuando importantes sectores de la opinión pública formularon críticas a la destitución, entendida como una reacción al video íntimo divulgado por Internet. A los ojos de esos sectores, la grosera violación del derecho a la intimidad no debió ser motivo para separar a la funcionaria del cargo.
El ministro se queja de la relación establecida entre el video y la destitución, cuyas verdaderas razones fueron otras. El Ejecutivo nunca debió esperar un resultado diferente si en su comunicado cita, como único motivo, la difusión de “informaciones periodísticas y en redes sociales vinculadas a la vida privada de la viceministra”.
Las informaciones periodísticas no fueron identificadas, ni su contenido alegado como motivo de la destitución. La mención de la información aparecida en las redes sociales solo podía entenderse como una alusión al video. A ambas se les relacionó, en el comunicado inicial, con “la vida privada de la viceministra”, no con “consideraciones directamente vinculadas al ejercicio de sus funciones y a su capacidad de seguir ejerciendo adecuadamente el cargo que ostentaba”.
Además, la destitución se justificó como necesaria “para que ella pueda enfrentar este caso desde el ámbito privado” y no por la “pérdida de confianza” sobrevenida cuando el Gobierno supo de los dos procesos judiciales planteados en su contra. El Ejecutivo también omitió decir que a la funcionaria se le pidió la renuncia y ella rehusó presentarla.
Según el ministro, la pérdida de confianza aumentó cuando Bolaños dijo haber sido víctima de una extorsión de la que no informó al Gobierno, pero esa circunstancia no pesó en la decisión porque solo se supo de ella un día después de la destitución.
Frente a la ola de críticas, el Ejecutivo decidió informar al país lo que siempre tuvo derecho a saber: “'lo cierto es que, a raíz de una publicación, el pasado lunes 30 de julio, aparecida en un diario del Grupo Nación, según la cual la señora Karina Bolaños enfrenta dos procesos judiciales en su contra y la posterior difusión de un vídeo íntimo, el Gobierno de Costa Rica tomó la decisión de separar de su cargo a la hoy ex Viceministra.
“Como Ministro de Cultura y Juventud y superior inmediato de la señora Bolaños, debo señalar que fue el propio lunes 30 de julio, cuando me enteré de que la ex Viceministra tiene pendientes esos dos procesos judiciales en su contra, uno en la vía penal por acoso y en el cual un juez dictó medidas de protección en las que se le exigió a la ex Viceministra mantenerse alejada de la persona que la acusa, y otro por desobediencia a esas medidas. Lamentablemente, hasta ese momento, ninguna autoridad del Gobierno había sido informada por la ex funcionaria en torno a estos procesos”.
La explicación del ministro es precedida por tres reveladoras palabras: “'lo cierto es'” Si la opinión pública vinculó la destitución con el video, ignorando otras razones, es porque a eso conducían las explicaciones del Gobierno.
Si el Ejecutivo, con toda razón, se molestó porque la viceministra omitió informar de los juicios y la extorsión, no puede esperar una reacción favorable de la ciudadanía, a la cual omitió informar de los verdaderos motivos de la destitución.  El daño se pudo haber limitado si la comunicación oficial de la destitución hubiese comenzado por una enérgica condena a la violación del derecho a la privacidad, como la contenida en la respuesta del ministro, para luego dar cabida a una explicación, gobernada por la promesa contenida en la frase “lo cierto es'”. Así de simple.