La frase de la semana

Pensamiento del día:


"Los políticos y los pañales hay que cambiarlos a menudo y es por la misma razón". George Bernard Shaw

Estamos de vuelta

Damas y caballeros colegas.

Deseo recordar a los generaleños y a la comunidad nacional el martirio que vivió la ciudad de San Isidro y la población civil generaleña hoy hace exactamente 70 años y cuya única mención se hace en una placa del parque que rebaja la carnicería que se dio con el término de "jornada cívica". En esta crónica, haremos referencia a lo que en realidad sucedió. En la sección Esta Semana en la Historia se consigna un dato paradójico sobre el Centenario de Don Rogelio Fernández Guell. Feliz inicio de semana!
Atte.


El Editor

San Isidro de El General, 19 de marzo de 2018.


lunes, 16 de julio de 2012

Cuando fue que caimos al hueco?
Mi amada escuela en Guadalupe de Cartago se construyó en el Gobierno de don León Cortés y por su parecido con ella, las Escuelas Pilar Jiménez de Guadalupe de San José y Jesús Jiménez de Cartago han de haber sido construidas por ese mismo tiempo
Curiosamente todos esos templos del saber fueron estructuras creadas en tiempos en los que la demanda de estudiantes era mucho menor de lo que es ahora,  los recursos destinados a la educación también eran pocos,  la producción del país dependía absolutamente de la exportación de bananos y café y no era tan diversificada como lo es hoy; cuando es el turismo, la tecnología y el saber los productos que más exportamos.
Hace unos días; don Eugenio Gordienko,  creador de obras de infraestructura tan valiosas como los edificios de la Corte Suprema de Justicia, el BCCR, el INS y el puente Rafael Iglesias, me comentaba la fluidez con que se tomaban las decisiones para hacer esas obras,  como aquellos eran tiempos de mucha más limitación de recursos y como la tecnología era realmente modesta.  Curiosamente,  TODAS esas obras están hoy en pie y sin dificultades, pese al paso de los años.
En un sentido literal, la infraestructura pública del país  ha caído en un enorme hueco de desprestigio, irresponsabilidad, deterioro y vergüenza.  La obra pública, así como otras muchas cosas y funcionarios públicos, nos ha hecho caer en el ridículo y nos han dibujado una enorme cara de payasos ante la comunidad internacional pero sobre todo,  ante el pueblo honesto que sigue siendo mayoría en este pequeño país.  La enorme pérdida de dignidad y orgullo nacional, nos ha hecho retroceder vergonzosamente.
En el ámbito de la obra pública: NO pegamos una.  Antes,  toda la infraestructura pública estaba en manos del estado, hasta que empezaron los problemas de eficiencia, de robadera de materiales, de mala calidad y de la ausencia total de planificación y control, que nos hace hacer una carretera y dos  semanas después volver a abrirla porque no se coordinó la electrificación o el entubamiento de una acueducto.
Ante la incapacidad del estado, pasamos a procesos licitatorios,  caracterizados muchas veces por el chorizo,  la contratación de los amigotes para pagar favores políticos y el saqueo de millones de colones en materiales y tiempo que se cobraba sin haber trabajado.
Luego vino la concesión de obra pública como la pomada canaria.  En algunos casos, cambiamos monopolios públicos por monopolios privados y si los primeros son malos,  los segundos son peores.  Si en los primeros,  el saqueo a merced de algunos sindicalistas sinvergüenzas es la norma,  en los monopolios privados, la rentabilidad de los emporios empresariales que representan es el objetivo único y la voracidad del dinero es la que impera.  Se perdió allí cualquier visión de rentabilidad social de los proyectos públicos y se sustituyó por una visión de negocio,  en el que los más altos rendimientos es la meta suprema, sin importar nada más.
La declaratoria de emergencias nacionales para aligerar procesos, fue la última de las ocurrencias. Se abrió así la puerta del infierno, al que le llamaron dignidad.  Les dimos así a los delincuentes públicos y privados toda la libertad para que pisotearan el nombre de Juanito Mora, formando contubernios para estafarnos a todos los que mantenemos con nuestros, a este puño de pillos invasores y destructores de la dignidad de un pueblo.
¿Qué cuándo fue que caímos en el hueco? Fue aquel día en que renunciamos a la ética, aquel en que se nos olvidaron nuestros ideales, aquel que nos hizo olvidar nuestro origen y aquel en que perdieron la vergüenza aquellos que por falta de ella, no nos hacen el favor de renunciar…
Comentario de Alexander Hernández Camacho,